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Por la vigencia de nuestro anhelo

- Durante los últimos meses, el desánimo prosperó entre quienes extenuaron sus gargantas con el objetivo de agraviar, siquiera verbalmente, al régimen que dirige Juan Evo Morales Ayma. El fervor que singularizó las movilizaciones cívicas, los heroísmos parlamentarios y la resistencia de autoridades republicanas fue disminuyendo hasta volverse imperceptible. Antes que algunos opositores facilitaran el arribo del ocaso, ninguna proeza parecía irrealizable; la confianza en nuestras ideas, siempre superiores, cimentaba los mayores planes, aun las ensoñaciones más utópicas. Se llegó al fascinador extremo de relegar la legalidad porque las innovaciones del oficialismo contrariaban un código ético que, desde hace mucho tiempo, se respeta en Occidente. En ese lapso, al igual que Thoreau cuando cuestionó la esclavitud, hubo personas dispuestas a obedecer lo prescrito por su conciencia, siguiéndola sin vacilaciones, aunque ello supusiera violar las leyes. Para no avivar la nostalgia, tal ...

La nociva trascendencia de lo marginal

- Al valorar una idea, no se debe ponderar la edad, sexo, patrimonio, nacionalidad o raza del mortal que ha gestado el planteo. Mientras sea factible, los pensamientos tienen que analizarse sin tomar en cuenta esas particularidades, esos factores relacionados con el azar y los mandatos externos; sublimar la importancia de tales cuestiones implica restringir, aun abrogar, la libertad. Ante todo, hay que preguntarse por la solvencia de las reflexiones, para lo cual no es fundamental constatar dichos rasgos del autor. Solamente los veneradores del determinismo se preocupan por endiosar esas características personales, pues suponen que su conocimiento posibilitará descubrir al verdadero hacedor de la proposición. Es que, conforme a esta postura, cada uno sería un conjunto de influencias privado del menor albedrío. Esto quiere decir que, si no pretendemos ser considerados meros objetos, simples instrumentos, corresponde desdeñar las peculiaridades en pro de una inquisición sustancial...

Escribir en tiempos bárbaros

- A H.C.F. Mansilla - El rigor del desencuentro entre la literatura y los dictadores contemporáneos me ha llevado a pensar en las razones que pueden ser esgrimidas, aunque sea precariamente, para justificar el hábito de redactar críticas antigubernamentales. Discurro acerca de esto porque, verificado el aumento de oficialistas, uno vacila sobre la utilidad contenida en sus textos. Como se sabe, las disquisiciones puestas por escrito han tenido el poder de abonar insurrecciones, abolir credos, mejorar las sociedades humanas; en consecuencia, sus creadores probaron que esos ejercicios del intelecto son provechosos. Desde luego, los escritores que condenan las tonterías, desaguisados e insensateces del gobernante reciben variadas atenciones: si no se quiere lidiar con frustraciones oceánicas, debe aceptarse que pocos emularán a Voltaire, Sartre, Russell, Paz o Vargas Llosa. Pese a ello, contemplando una fotografía del genial Unamuno, procuro explicarme por qué persisto en esta ...

Desahogo de un opositor auténtico

- Confieso que la sola imagen de Rubén Armando Costas Aguilera me produce una repulsión indescriptible. Además, desde hace algunos meses, no tolero sus tentativas de discurso ni el tono cavernoso que usa cuando los periodistas lo interrogan sobre la problemática del país. No cuestiono su notable falta de lecturas, ya que la bibliofilia es prescindible si uno quiere dedicarse a los quehaceres políticos; sin embargo, resalto que supere apenas al jefe del oficialismo en ese campo. Resumiendo, fue particularmente vergonzoso tenerlo como representante de la oposición más genuina con que contó el Gobierno hasta este momento. Es irrelevante lo aseverado por sus pendolistas, cortesanos y admiradoras, únicas personas que le reconocen un mínimo de luminosidad. Tal vez su mayor acierto haya sido gritar, frente a miles de cruceños, una frase con final malsonante. Todo buen contrario al oficialismo sabe cuánto habíamos progresado hasta el año pasado. La oposición regional no era una farsa...