¿Se quiere una mayor libertad que la de elegir el momento de la partida? Carlos Alberto Montaner En 1996, hace ya 30 años, se publicó Cartas desde el infierno . En rigor, las páginas del libro no fueron escritas por su autor, sino dictadas, pues había una dificultad insalvable para el efecto. Ramón Sampedro, quien lo firma, estaba tetrapléjico, no pudiendo mover piernas ni brazos. Era entonces, según él, «una cabeza viva en un cuerpo de muerto». Había tenido un terrible accidente que lo dejó postrado en cama, donde permaneció durante casi tres décadas, pese a un deseo distinto. Quería que lo ayudasen a terminar con su vida, porque, en aquellas condiciones, continuar así no le parecía digno. En esa obra suya, volumen que nunca he sido capaz de releer sin conmoverme, reivindica la eutanasia. Entendiendo que se trata de un acto racional cuyo juez es la conciencia, plantea una sola duda, vale decir: ¿alguien puede obligarnos a vivir en la sinrazón? Subrayo lo ...
Olviden la ordinariez que infesta nuestra sociedad, los deberes preceptuados por las agendas laborales y el diplomático recurso de no insultar al prójimo... Caerse del tiempo demanda una extravagancia posmoderna: vivir, aunque sea un instante, con total libertad.