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Reconociendo miserias para ganar el poder

- Mi predilección por la filosofía tiene abundantes motivos que se fortalecen desde hace dos lustros y medio. Este goce intelectual me ha permitido el conocimiento de autores, tesis e inquisiciones que obtuvieron la inmortalidad gracias a su lucidez. Encaminado por maestros que desbrozaron esa senda, acogí una serie de postulados (imitados, adulterados, deformados) capaces de facilitar cogitaciones, rebatir alegatos, aceptar hasta los propios desaciertos: ejercer el derecho a pensar libremente. En efecto, nada me parece más atroz que las limitaciones dictadas por los dogmas; además de antinatural, el veto al raciocinio soberano es embrutecedor, multiplicador del problema que tiene este mundo por la plaga de las presidencias izquierdistas. Ello hace que, aun cerca de comenzar una contienda electoral, revise mis máximas, evaluando paralelamente las tareas llevadas a cabo para materializarlas. Desde luego, esta faena quedaría incompleta si no juzgara también a quienes han transit...

Sobre la urgencia de actuar

- Las enseñanzas de Pitágoras han resistido su colocación entre los productos del Hombre que, tras una inicial e inobjetable utilidad, exhalan prescindencia. Como sucede con varios luminares, la recordación del maestro heleno sirve para cavilar sobre diferentes temas, amparar o repeler proposiciones que se gestaron cuando el Universo era pensado en Grecia. Una de las explicaciones pitagóricas que ha cobrado notoriedad es aquélla vinculada a la vida contemplativa. Conforme al referido meditador, hay tres clases de personas que asisten a las Olimpiadas, pero se hallan también fuera del certamen: atletas, mercachifles y espectadores. Ahora bien, el establecimiento de una jerarquía que afecte a estos tipos humanos es posible tomando en cuenta sus respectivos designios; así, mientras el atleta pretende la gloria y los comerciantes, lucro, quien especta las competencias es movido sólo por esas delicias que brinda la contemplación. Según Pitágoras, este último fin sería superior a los...

Con el corazón a la derecha

- - El conflicto entre libertad individual e igualitarismo socioeconómico sigue teniendo vida. Aunque algunos contemporizadores dictaminen que ya no hay tal antinomia, continúo advirtiéndola, notando su existencia para resaltar las disimilitudes esenciales. En este sentido, conviene afirmar que tanto izquierdistas como derechistas mantienen una lidia sempiterna, un lance sostenido por valores antagónicos. Frente a esta realidad, mi postura es orgullosamente inequívoca: liberal pertinaz, discípulo del excepcional John Locke, Karl R. Popper, Jean-François Revel, Mario Vargas Llosa, H.C.F. Mansilla y Mariano Grondona, además de otros razonadores, me sitúo a la derecha, desde donde vitupero las sandeces del contrario. Acepto el envío de dicterios, maldiciones, mofas, anatemas, etcétera: ninguna descalificación inquietará este convencimiento. Yo denuncio la inferioridad del zurdismo, sea su versión europea, asiática, latinoamericana o, peor aún, africana, por lo que censúrola sin vacil...

Hacia una victoria insuficiente

- El 12 de octubre de 1936, tras escuchar las arengas e imprecaciones franquistas del general José Millán Astray, célebre por su apego a la muerte, Miguel de Unamuno y Jugo habló sin que las charreteras pudieran arredrarlo. Como siempre, la refutación de este pensador fue urticante para quien causó su lanzamiento; otra vez, proclamaba lo que le parecía correcto, subrayando asimismo las falsías del eventual contrario. En la ocasión de marras, dirigiéndose a los falangistas y al necrófilo militar que habíalos excitado previamente, dijo: «Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha». Fue así como el apasionado belicista originó uno de los discursos más ilustres que un meditador haya lanzado contra la soberbia del poder. Meses después, el arrojado filósofo moría encerrado en su domicilio, restricción que se le impuso por no apoyar la cruzada de Fran...

La política como fascinante destino de académicos y artistas

- A Fernando Baptista Gumucio - - - La política llenó de humo el cerebro de Malraux, envenenó los insomnios de César Vallejo, mató a García Lorca, abandonó al viejo Machado en un pueblo de los Pirineos, encerró a Pound en un manicomio, deshonró a Neruda y Aragón, ha puesto en ridículo a Sartre, le ha dado demasiado tarde la razón a Breton… Pero no podemos renegar de la política; sería peor que escupir contra el cielo: escupir contra nosotros mismos. Octavio Paz, El ogro filantrópico . - Hace muchos años, tal vez persiguiendo el disenso con su egregio perro, Arthur Schopenhauer afirmó: «El Hombre es un animal que tiene la funesta manía de pensar». Pese a lo rotundo del aserto, cabe notar que no todas las personas se dejan llevar por el aguijón de los ejercicios intelectuales, especulaciones, «mentefacturas», como las denominó José Ortega y Gasset. Ampliando esta idea, encuentro que quienes tienen la costumbre de realizar tales actividades pueden ser colocados en dos ámbitos. P...

El peligro de acostumbrarse al horror

- Cuando una imagen tremebunda, capaz de ocasionar pánico y huidas estruendosas, se repite con asiduidad, su impacto disminuye paulatinamente hasta no estremecer a nadie que la haya visto en anteriores oportunidades. El asombro que nos agitaba sin apuro, fundando perplejidades sobre nuestro existir, se vuelve parte de una cotidianeidad tan desabrida cuanto bostezante; así, los sobresaltos encuentran espacio entre quehaceres, rutinas e inofensivos accidentes del día. Siguiendo esta línea, me parece beneficioso recordar que Erich Fromm caviló acerca del «escalonamiento de la brutalidad» para criticar a esos estrategas que, tras los multitudinarios decesos de las dos guerras mundiales, pueden figurarse escenarios donde los muertos sean millones, mas no experimentar ninguna conmoción al hacerlo. Según parece, la repetición del espanto, al igual que su abundancia, termina absorbida por el desdén. Habituado al incumplimiento de las normas que garantizan una convivencia civilizad...