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2/10/08

La insensatez de pactar con el verdugo

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Karl Jaspers sostiene que el modo ideal de realización existencial se da gracias a la comunicación. Para que ésta consiga materializarse, el aludido filósofo enuncia llamadas al comportamiento, advertencias útiles si se desea una relación interhumana de tal índole. Entre esas precisiones normativas, recuerdo una que sustenta el compromiso desprendido a favor de los otros. En efecto, existen reservas (actitudes, prejuicios, imposturas, etcétera) que permanecen ocultas porque se busca sólo instrumentalizar al compañero para satisfacer intereses particulares: el otro dialogante queda reducido a simple medio, vetándose toda evaluación seria de sus pareceres. Ahora bien, cuando la finalidad perseguida por el agresor es conocida debido a su desfachatez oratoria, no sirve alegar ignorancia. Teniendo este turbador convencimiento, aun la cortesía se considera prescindible frente al que, amenazando simultáneamente nuestra mismidad, nos depara diálogo.

Nadie tiene la obligación de negociar cómo será cometido su propio asesinato. Ninguna manera ofrecida por quien piensa exterminarnos puede juzgarse apetecible; salvando el caso de quienes glorifican las prácticas masoquistas, uno propende a repeler las agresiones que lo tienen como destinatario. La dignidad, o tal vez el solo instinto de conservación, nos aleja del interlocutor que se propone arrancar nuestro asenso para edulcorar el crimen. En esta urgencia del sometimiento voluntario, parcial o absoluto, encuentro un inquietante pudor por evitar desaprobaciones que dimanen de terceras personas. Esto quiere decir que, aunque no haya escrúpulos respecto a su ejecución, la infamia debe provocar mínimas expresiones de aturdimiento, lo cual ocurriría si el agraviado consintiera las ofensas. En este marco, parece comprensible objetar que los ataques admitidos por la víctima adquieran una legitimidad incuestionable.

Advertido el designio letal que mueve al semejante, uno puede reaccionar conforme a las normas convencionales -exigiendo su detención formal- u optar por el empleo de los recursos personales que harían dable domeñarlo. En el primer caso, para que los lamentos del agredido no sean infértiles, debe haber una institucionalidad capaz de activar los mecanismos legales sin acoquinamientos ni servilismos. Traduciendo esta idea según el enfoque doméstico, tanto la Fiscalía General de la República como el Poder Judicial tienen que estar en condiciones de asegurar una tutela efectiva, suficiente, firme a quien exija el amparo estatal del derecho a la vida y otras facultades fundamentales. Autoridad o administrado, opositor u oficialista, cualquiera que se valga de la violencia para imponer su criterio perturba el ordenamiento vigente, por cuanto merece ser sancionado. Desde luego, el pretexto de dialogar con los damnificados no minora la responsabilidad del malhechor.

Privado abusivamente de las vías republicanas, el ofendido puede recurrir a la legítima defensa y, al mismo tiempo, demandar un restablecimiento del orden interno que provenga de organizaciones supranacionales. Es oportuno relevar que la medida del auxilio foráneo pierde suficiencia cuando el compadraje ideológico prevalece sobre los principios democráticos. Desestimada la colaboración extranjera, el momento requiere de cautela e indeclinable suspicacia. Es posible aprovechar la certeza del aislamiento para encontrar vocaciones que reputábamos inexistentes; son los desafíos, individuales o colectivos, un acicate idóneo mientras se anhele progresar. Las complejidades nos brindan la oportunidad de superar aquella frontera demarcada por nuestra cobardía, pereza e indiferencia. El riesgo de perder la libertad despabila, impulsa, demanda terminar con las deprecaciones que guardan una esterilidad radical e impide signar pactos que autoricen nuestro aniquilamiento.

Nota pictórica. La muerte de Séneca es una obra que le pertenece a Luca Giordano (1634-1705).

3 glosas:

Guillermo Céspedes dijo...

¿"Verdugo" sería quien defiende a las personas que han sido acribilladas, expoliadas, discriminadas por un grupúsculo de caciques, terratenientes y empresarios corruptos que manejaron como quisieron este país durante los últimos veinte años?

Puedes citar a cuantos filósofos desees, lo cierto es que ninguna erudición podrá tergiversar el mensaje que fue proclamado por el 67% del pueblo: Bolivia quiere cambio. La orgía de los neoliberales ha terminado.

Carlos dijo...

Querido guillermo:
La democracia; es la exageración de la estadistica.
Es evidente y cada vez más preocupante la falta de astucia politica por parte de la dirigencia oriental, al cual tuvimos que apoyarlos en cuatro oportunidades, no contentos con esto ciudadanos y delincuentes oportunistas tomaron organismos estatales para ayudarles en una estrategia para encarar una negociación, contrario a esto se asustaron cuando cernícalos armados cercaron la ciudad, subestimando a sus representados.
Se necesita urgente nueva renovacion dirigencial e intelectuales organicos a esta tierra.
saludos

Jorge Ferrufinö dijo...

...De los mejores postulados que has escrito.
Quizas el más lúcido y tambien el más ávido de ser entendido.

Jorge.