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18/8/07

Monólogo dictatorial contra diálogo democrático


En la Hélade, cuando el acto de filosofar no había nacido aún, las verdades irrebatibles eran proferidas por los oráculos. Toda persona que deseaba saciar su curiosidad, obtener explicaciones contundentes sobre diversas inquietudes, acudía a quienes tenían la capacidad de albergar esos dictámenes. Desde luego, ningún hombre osaba replicar lo aseverado por ellos, peor todavía estorbar sus discursos apofánticos. Era un terreno bastante feraz para el soliloquio dictatorial, aquel monólogo que admite sólo glorificaciones circenses. Obviamente, los interlocutores críticos no eran aquí bienvenidos.
Pero la intrepidez de los pensadores acabó con el quietismo cerebral. Tal como Tomás Abraham lo señala cuando glosa los comienzos de la filosofía, quienes desafiaron al oráculo expusieron su vida, puesto que cuestionaron los dogmas vigentes. Lidiador brillante, el filósofo rechaza la respuesta dogmática para forjar su propia contestación, una que lo convenza sin remitirlo a misterios religiosos u otros apotegmas indeliberables. Tras elaborar una noción personal, se vuelve necesario lograr el asentimiento del prójimo, vigorizar nuestra reflexión con el siempre útil apoyo externo. Procurando alcanzar este fin, surgía la necesidad de dialogar, exponer argumentos; entonces, paralelamente, la comunicación se ofrecía para acercarnos a lo auténtico, ya que, parlamentando, podemos encontrar las mejores respuestas.
Esa busca de la verdad que ya no puede ser satisfecha por el oráculo se refleja también en los círculos políticos. Así, la democracia es el único escenario donde las personas pueden dialogar sin restricciones arbitrarias, plantear temas que consideren trascendentales o hasta patrocinar extravagancias ideológicas. Por supuesto, para evitar debates hueros, los representantes nacionales deben sustentar racionalmente sus planteamientos, aceptar que éstos sean refutados y permitirle al semejante formular apreciaciones cuando estime necesario hacerlo. Evocando a Cornelius Castoriadis, afirmo que la clausura de significaciones es inadmisible si se pretende tener una vida democrática; en otras palabras, repudiar cualquier exclusión sumaria de temas controvertidos tórnase imprescindible para los que apoyan esta forma gubernamental.
Desde el momento en que no se acepta la discusión de un tema específico, regional o nacional, dentro de una instancia deliberante, negarle a ésta su condición democrática es una decisión acertada. Siendo el debate un mecanismo sensato para encontrar ideas que permitan nuestro mejoramiento, su ejercicio frecuente constituye una prueba de madurez política. La democracia necesita del diálogo racional, uno donde ninguna propuesta sea soslayada por caprichos grupales; hay que opinar, escuchar, disentir, tolerar: existir como verdaderos demócratas. Obrar de manera distinta significa revelar nuestra predilección por un modelo que venera los soliloquios dictatoriales, rebuzna cuando alguien lo importuna con cuestiones contradictorias del catecismo que memoriza.
Los dictadores ansían regentar a un pueblo que se limite a escucharlos. El acatamiento de sus órdenes repele aquellas discusiones que tratan sobre la férula del gobernante; el espacio discursivo, en tal caso, tolera solamente monólogos autocráticos. Por el contrario, cuando hay democracia, las voces discordantes son una invitación al debate, una oportunidad estupenda para ejercer nuestro derecho a disentir -o aun cambiar de parecer-. En este sentido, reprender a los políticos que vetan la posibilidad de fortalecer nuestras convicciones democráticas, pues sienten aversión por cualesquier faenas intelectuales, es un acto indiscutiblemente laudable.

Nota pictórica. Diálogo actual es una obra de Vicente Dopico Lerner.

5 glosas:

Anónimo dijo...

Vi en las noticias lo que esta pasando, por lo que me imagino estaras con MUCHO trabajo, en consecuencia espero que te encuentres bien. Un abrazoZOZOZOTE. Cuidate!!!!!!!.

Rubens dijo...

Estamos en un proceso de retorno a la edad media: http://www.metafora.mundoalreves.com/

Javier Paz dijo...

Enrique, muchas gracias por tu invitación a participar de radio Iyambae. No te podría dar una respuesta en este momento, pero me gustaría sentarme a conversar con vos. Mi email es javierpaz01@gmail.com
Pongámonos en contacto para juntarnos a charlar.
Gracias.

Julio Aliaga Lairana dijo...

Este es un monologo de dos lados, porque como bien dices, las más de las veces ambos lados incurren en el incumplimiento de las condiciones básicas para un encuentro democrático. No hace a la voluntad de ninguna de las partes, es un problema cultural, aunque cada vez tiendo más a pensar que algo de mala intención se encierra en la actitud de algunos.

Alberto Caeiro dijo...

Yo también quisiese que usted me invitase a conversar. Si es que tuviese el animo y la disposición para un encuentro democrático.
¿Puedo dejarle mi dirección?