¡Ay, amigo, la soledad en que vivimos…! La soledad en que nos han puesto. Porque esa otra gente, la que estorba todo concierto, sabe más que la gente de talento . Miguel de Unamuno En 1956, Julián Marías publicó El intelectual y su mundo . Entre otras reflexiones valiosas, destacó que quienes aspirasen a tener esa condición debían intentar decir la verdad y, además, justificarla. Ya entonces, como pasa hoy, vivíamos en tiempos signados por el irracionalismo. La regla no era detenerse a pensar antes de hablar, sino precipitarse y lanzar apreciaciones sin rigor. Los intelectuales debían colocarse frente a este panorama, observando falencias sociales, cuestionando las falsedades, la hipocresía mayoritaria, el despropósito de los que asumen funciones gubernamentales: les correspondía hacer uso público de la razón crítica. No interesaba su impopularidad, puesto que las adhesiones a una idea nunca garantizaron su acierto. Es más, les incumbía la reacción contra el...
Olviden la ordinariez que infesta nuestra sociedad, los deberes preceptuados por las agendas laborales y el diplomático recurso de no insultar al prójimo... Caerse del tiempo demanda una extravagancia posmoderna: vivir, aunque sea un instante, con total libertad.